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	<title>Cuentos y Descuentos</title>
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	<pubDate>Wed, 19 Nov 2008 20:23:59 +0000</pubDate>
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		<title>FELICIDAD</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Dec 2006 00:40:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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El día que llegamos a Felicidad nos entendimos a la primera. Llevábamos discutiendo 1 año y todo quedó olvidado en el último desvío. Primero el silencio. Luego la estupefación. Luego la calma. Eran las 6 de la mañana y después de un viaje de de más de 2 años, la promesa de aquel lugar soñado [...]]]></description>
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<p>El día que llegamos a Felicidad nos entendimos a la primera. Llevábamos discutiendo 1 año y todo quedó olvidado en el último desvío. Primero el silencio. Luego la estupefación. Luego la calma. Eran las 6 de la mañana y después de un viaje de de más de 2 años, la promesa de aquel lugar soñado se hacía realidad de forma simple y filtrada. Tony, Vergel, Ámber y yo habíamos terminado el viaje de nuestra vida.</p>
<p>&#8220;Felicidad es un pueblo tras una bruma&#8221;, tal y como había dicho Cojo. Lo difícil es encontrar la bruma, luego sólo tenéis que cerrar los ojos y esperar una señal lumínica que os traspasará los párpados. Entonces recordé esas palabras, cerré los ojos y me salió institintivo un pisotón con la pierna del acelerador. Luego el coche prácticamente se paró solo, en medio de un brillo circundante de luces antiniebla. </p>
<p>Las luces guiaban caminos para movernos entre la niebla. Era la señal para seguir a pie.</p>
<p><span id="more-16"></span></p>
<p>Tony salió antes que yo y Vergel ocupó su espalda a continuación de bajar del coche. Se asomó por encima de su hombro y le dijo (tan bajo que tanto a Ámber como a mí nos asustó la posibilidad de haberlo oído) &#8220;cariño mío, ¿te das cuenta de qué fácil es ser feliz?&#8221;.</p>
<p>Vergel y yo fuimos pareja tres años hasta que un día la abofeteé porque se había enamorado de mi mejor amigo. Ella pareció aliviada. Yo estaba tan enamorado que los pies se me hundían en el suelo y las manos en el aire petrificado.</p>
<p>Ahora, tras haber dicho Vergel esas palabras, tres años después, en este lugar tan insondable, volvía a tener la misma sensación. Sentía que volvía a amarla.</p>
<p>Un músculo rebotando en mi pecho como un bong (mi corazón), tan atropellado como dulcemente narcotizado, se deshacía en la vaporosa bruma por no aprehender el momento. El tiempo dejaba de ser horas, minutos, segundos. Se escapaba el razonamiento por un agujerito dimensional estrecho. Un fallo en las severas leyes de la condición humana. Un fallo de la física para benerficiarnos. Un pescado resbalando entre neuronas acuosas. Un truco para vivir de otra manera.</p>
<p>Miré a Ámber, mi novia desde hacía un año, la que me había hecho olvidar a Vergel, como si la hubiera traicionado. Pero mi amor por ella seguía en el mismo sitio, intacto, conviviendo con mi renacido amor por Vergel en perfecta armonía.</p>
<p>Me pregunté si ella podría sentir lo mismo por Tony, o Tony por ella, o Vergel por mí. La respuesta sería siempre positiva. El amor iba a ser nuestro medio de transporte en Felicidad.</p>
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		<title>SANGRE DE MENTIRA</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2006/09/26/sangre_de_mentira</link>
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		<pubDate>Wed, 27 Sep 2006 07:23:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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Los personajes, el ambiente, la trama&#8230; todo estaba listo para un relato más de éxito en la pequeña comunidad del frío. Cuando, para sorpresa de este falso escritor, uno de los personaje saltó, me saltó como un loco de la hoja y se me agarró al cuello. Era Nacho, el pordiosero embustero que abusó de [...]]]></description>
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<p>Los personajes, el ambiente, la trama&#8230; todo estaba listo para un relato más de éxito en la pequeña comunidad del frío. Cuando, para sorpresa de este falso escritor, uno de los personaje saltó, me saltó como un loco de la hoja y se me agarró al cuello. Era Nacho, el pordiosero embustero que abusó de su prima Eva cuando ésta sólo tenía 13 años. Pobre Eva, hice lo posible por retratar su drama, escogí algunos pasajes terribles: su complejo de culpa, su abominable sensación de bienestar. Sólo era una niña confundida, Nacho no la forzó, pero la manipuló&#8230; ¡No la forcé, claro que no la forcé! Me grita ahora con sus sucias manos presionando mi nuez. Casi, casi ya no puedo respirar. Tengo las manos manchadas de tinta negra y resbalan en sus manos. No puedo quitármele de encima. Es fuerte, más fuerte que yo. Más fuerte que Eva.<br />
<span id="more-15"></span><br />
Y toda esta farsa milagrosa es más real que mi propia vida, yo la creo y por eso me ahogo, me ahogo. Llevo semanas sin moverme de aquí, perdido en las calles de un Madrid inventado, donde Nacho, Eva y el novio de ella, Carlitos, han perdido la dignidad o yo se la he arrebatado porque no tenía una propia y me inventé otra para destruirla y hacerles partícipes de este derrumbe. Les he ido acomodando en sus repugnantes papeles. A Eva la he violado yo y a Nacho, a Nacho le he convertido en un criminal abyecto por un instinto maldito mío, una cobardía propia de no hacérmelo con Eva yo y expiar a Nacho de su culpa. Él me odia, pero me odia con razón. Soy yo, soy yo y no tú. Si tuviera un último hilo de aliento en la laringe gritaría con todas mis fuerzas que fui yo, compañero, que siempre he sido yo. Que no falta que me odies, que acepto tu sentencia de muerte como una purga. Que en mis ojos no hay encono, sino alivio. &#8220;No me odies&#8221;, creo que es la frase más bella jamás pronunciada. La pronunció Eva para explicarle a Carlitos, para desahogarse. Y Carlitos no entendió, porque Carlitos tiene sólo 15 años y no sabe odiar, sabe sentir algo parecido mientras grita a Eva, y la culpa, y la culpa tan injustamente y con tal repudia que Eva no puede llorar. Eva no llora y Carlitos la culpa porque la culpo yo y no la dejo ni el consuelo del llanto.Todo es horrible, todo lo he inventado yo.</p>
<p>Carlitos no lo entiende, porque yo no dejo que lo entienda. Yo sé lo que ha pasado, pero nunca he intentado ayudarle, me ha dado cosa, no sé. En el fondo pienso que Eva no le conviene y que, a pesar suyo, depende tanto de Nacho, que el sexo sólo es algo circunstancial. Carlitos no puede ayudarla porque Carlitos tiene 15 años y yo a los 15 años no podía ayudar a nadie, no sabía nada. Entonces Eva se marchó sola. Yo sabía lo que iba a suceder mejor que nadie y la dejé marchar sola. Nadie hizo nada por ella. Me lo pidieron: Carlitos, Nacho, incluso algunos transeúntes anónimos que pasaban por allí. Todos me rogaron que les dejara hacer algo, pero yo fui implacable. Incluso Eva, creo que tras una tristeza infinita y nebulosa me hizo un gesto desde el fondo de su alma, me  esbozó algo así como un &#8220;no&#8221;, &#8220;no quiero&#8221;. Pero yo no di marcha atrás. La ejecuté de un empujón en lo alto del puente Segovia. Exactamente como murió aquel tipo trajeado que me miraba con los mismos ojos una primavera de 1994, cuando yo tenía sólo 15 años y no hacía nada por nadie, no sabía nada.</p>
<p>El tipo voló durante dos segundos, eternos, en los que pareció ascender definitivamente hasta los cielos, un segundo antes de caer como un peso muerto en menos de una décima, dejando un boquete en el carril bus y otro en mi alma que yo entonces no pude, no supe advertir. Me asomé a mirar como si fuera un gato caído al vacío. Sin sangre en las venas sobre un charco gigantesco de ella. Recuerdo que me pareció chocolate. El mismo chocolate que salió del cuerpo de Eva, para alimentar a un perro callejero hasta la interminable llegada de la policía. Es un perro vampiro, dijo Sam a su compañero antes de comprobar con el dedo índice enfundado en un guante de cuero que, efectivamente aquella sustancia oscura era chocolate negro. ¿Por qué chocolate? ¿Por qué esa burla?, siento que me reprocha Nacho encaramado a mi escritorio, con los ojos inyectados en una sangre tan real como la mía. No es real, me dije al principio, pero luego pensé que si yo mismo era real, por qué no. Si yo que no soy más que una ficción de los demás, una burla en el paisaje de Madrid, por qué no iba a ser verdad. &#8220;Asesinado por un asesino inventado&#8221;; &#8220;Muerte inventada de un escritor real&#8221;.</p>
<p>Ahogarse es tan sencillo que da miedo, sólo tienes que dejar de respirar. Siempre una gota más de miedo que seguir viviendo, una gota de chocolate en un dedo.</p>
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		<title>ORFEO Y EURÍDICE ::: enviado por Martínez Marcos</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2006/08/27/orfeo_y_euridice_enviado_por_martinez_ma</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Aug 2006 00:35:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Amigos de cuento]]></category>

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Euridice esperaba con calma y desgana la fiesta de la noche. Sus amigas habían preparado el festejo y aunque realmente no le veía sentido ni le apetecía en demasía, no quería desagradarlas, eran sus compañeras de siempre, las conocía desde la infancia. Y quería compartir con ellas la dicha de su futuro matrimonio con Orfeo.
Recordaba [...]]]></description>
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<p>Euridice esperaba con calma y desgana la fiesta de la noche. Sus amigas habían preparado el festejo y aunque realmente no le veía sentido ni le apetecía en demasía, no quería desagradarlas, eran sus compañeras de siempre, las conocía desde la infancia. Y quería compartir con ellas la dicha de su futuro matrimonio con Orfeo.</p>
<p>Recordaba con nostalgia el momento en que conoció a Orfeo, era un joven que no agradó a su entorno, desaliñado en el vestir y de laxas costumbres, le consideraron frívolo y despreocupado, no había conseguido terminar sus estudios universitarios y se pasaba todo el día con su guitarra eléctrica de un lado para otro. Las más de las veces tocando en el metro o jardines y otras en algún pub de un amigo, que le invitaba a las copas y poco más.<br />
<span id="more-31"></span><br />
Pero después de varios años de novios, la ansiada estabilidad económica llegó a la pareja, y pudieron prometerse para casarse. Orfeo había conseguido alcanzar su sueño, y se había convertido en un músico profesional, acompañaba a una muchacha de voz y corazón dubitativo, que acababa de salir de Operación Triunfo, en su gira de conciertos donde presentaba su reciente disco.</p>
<p>Eso era lo que realmente le importaba a Euridice, su futura vida con su enamorado, había sentido apasionadamente su relación con Orfeo y ahora por fin les llegaba lo que ansiaban, una vida futura en común. La fiesta de la noche, su despedida de soltera, quedaba en un segundo plano, pero había de acudir por respeto a sus amigas.</p>
<p>Quedaron las jóvenes en un lugar habitual, de donde saldrían a un restaurante que habían reservado para la ocasión. Después de una cena divertida y algo pasada de alcohol las chicas decidieron ir a bailar a una discoteca cercana donde solían acudir cuando todavía no tenían pareja.</p>
<p>La noche en la discoteca pasó fugazmente y poco a poco se fueron marchando, quedando solamente la propia novia y su amiga más cercana. Fue en ese momento, cuando las jóvenes charlaban tranquilamente en una zona de sofás, cuando Euridice reconoció entre la gente a Aristeo, quien fuera antiguo novio suyo hasta que conoció a Orfeo.</p>
<p>Aristeo no perdió tiempo y se dirigió prontamente a su antigua novia, estuvieron hablando y el tiempo pasó velozmente, quedando la antigua pareja prácticamente a solas en el local.<br />
Aristeo, que no había dejado de desear a Euridice, se apañó para lucir todo lo posible sus cualidades, se ofreció como un tipo educado, simpático, con un trabajo estable en un banco muy importante y con deseos de sentar la cabeza y fundar una familia al uso tradicional, a Euridice todo esto le sonó alejado de la personalidad de Orfeo, su antagonista, quien apenas pasaba dos semanas en la misma ciudad, siempre de concierto en concierto y quien no se planteaba la paternidad ni en general nada que no fuese previsible en un corto plazo, muy corto, a lo sumo dos semanas.</p>
<p>Sin saber como Euridice acabó en el coche de Aristeo que le ofreció a llevarle a su casa y sin saber como, acabó besando los labios que ya conocía de su antiguo amante, intentando inhalar, intentando desear a una persona más acorde con su forma de entender el futuro.</p>
<p>Esta infidelidad con la fecha de la boda tan próxima hizo que Euridice se sumiera en un mar de dudas. Fue tal su tormento que no pudo sino confesar a Orfeo su traición, en busca del consuelo y el perdón, pues era a él a quien amaba. </p>
<p>Orfeo con la misma contundencia que aplicaba a los trastes de su guitarra, visceral y apasionado, negó el perdón a la ofensora, más, sepultó su relación para siempre, espetándola que no quería volverla a ver jamás en su vida. Y desechando cualquier pensamiento racional, suspendió el enlace y borró de su memoria la cara de Euridice.</p>
<p>Euridice lloró y lloró durante largos ratos, durante horas que se hicieron eternas, durante un día entero, lloró y no encontró consuelo, lloró y vio perdida su vida, decidió que ya no la quería más. Para qué vivir si lo que le da sentido lo has perdido. Tomó todos los frascos de pastillas que encontró en el armario de su madre y las engulló con voracidad, la autopsia diagnosticó una muerte prácticamente instantánea, sin dolor.</p>
<p>La noticia de la muerte de su prometida llegó rauda a Orfeo, fue tal el dolor por su perdida que olvidó su comportamiento pasado, la ira dejó paso al dolor, el resentimiento a la calma y el sosiego, ¡Euridice!, pensó, con la sabiduría que da el tiempo y la distancia te hubiese perdonado y hubiésemos vuelto a ser pareja, Euridice, te amo. En ese momento se dio cuenta de que pese a recuperar sus sentimientos hacía Euridice había olvidado su rostro…tampoco podía soportar el dolor.</p>
<p>Siguió el destino de su amada se abalanzó sobre una caja de barbitúricos que tragó con desesperación.</p>
<p>Orfeo, no murió, coma profundo dijeron los doctores.</p>
<p>En su vida corpórea Orfeo vegetaba en una camilla de un hospital, pero en la otra realidad había despertado, se encontraba en una oscura ribera de un río, portaba su guitarra, en esta ocasión la acústica que tanto le gustaba y se encontraba rodeado de una multitud atribulada.</p>
<p>En seguida le explicaron, se encontraba en el río Aqueronte, y debía juntar tres euros si quería que el barquero un tal Caronte le alcanzase hasta la otra orilla, donde descansaban los que habían llegado a la paz eterna, los muertos.</p>
<p>Allí se reuniría con Euridice¡. El destino les daba otra oportunidad. Miró en sus bolsillos y encontró dinero de sobra, se aprestó a ponerse en la cola que hacían los que podían pagar la barca.</p>
<p>Llegó su turno y se disponía a subir a la barca cuando Caronte, un viejo desagradable y zafio le gritó: ¿Cuántas veces tengo que decir que no puedo subir a los que todavía están vivos en la barca?, atajo de idiotas, ¡en el inframundo no hay cabida para los vivos¡.</p>
<p>Orfeo no estaba dispuesto a que un viejo loco le impidiese juntarse con su amada, y recurrió a lo que mejor sabía hacer, tocar su guitarra, “viejo”, le dijo, “podíamos pasar por alto ese requisito que no es sino cuestión de tiempo y a cambio te obsequiaré con la música que desees escuchar”.<br />
Caronte que llevaba siglos deambulando de un lado a otro de la ribera, sin haber escuchado otra cosa que los lamentos de los difuntos, accedió deseoso a agraciar sus oídos con las bellas melodías que de la guitarra de Orfeo salían.</p>
<p>El trato se cerró y Orfeo alcanzó la orilla, pero nunca esperó que sus dificultades fuesen en aumento. Allí se encontró con una animal sobrenatural, un perro de tres cabezas y cola de serpiente que lanzaba dentelladas al aire. Cerbero era su nombre, y sólo furia y odio mostraban sus garras y colmillos, Cerbero gruñó y aunque no atacó a Orfeo le mantenía lo suficientemente alejado para que este no pudiese traspasar el umbral de la puerta del inframundo.</p>
<p>Orfeo volvió a probar suerte, buscando amparo en el estupido axioma de que la música amansa a las fieras, emprendió la tonada más dulce y armoniosa que pudo tocar, las notas envolvieron en sueños al can, que cayó languideciente sobre el suelo, cerrando todos los ojos de sus tres cabezas.</p>
<p>Por fin pudo entrar en el territorio de los muertos, por fin se reuniría con Euridice y podría llevársela de vuelta al mundo de los vivos.<br />
Pero el destino le preparaba aún un último encuentro, a su paso salió un Dios, un Dios afable y cercano, el Dios Hades, Rey del infierno, como Todopoderoso, Hades ya conocía la historia de Orfeo y Euridice y sabía de los propósitos del guitarrista, a los cuales iba a acceder…pero con una condición.</p>
<p>El dialogo entre Hades y Orfeo fue fluido, la condición impuesta por el Dios para que Orfeo pudiera llevarse de allí a Euridice escueta y sencilla, Orfeo no podía mirarla a la cara hasta que abandonasen definitivamente el inframundo, de otra manera Euridice permanecería allí para siempre, el resto de la eternidad.</p>
<p>Orfeo aceptó jubiloso y al recibir con su mano la mano de Euridice, un escalofrió de alegría embargó su cuerpo, la mantuvo a su espalda para no cruzar su mirada y emprendió el camino de vuelta.</p>
<p>Corriendo a toda velocidad Orfeo fue atravesando las puertas del inframundo y cuando se vislumbraba la última, fue sobrecogido por un sentimiento desgarrador, los dardos del resentimiento y el dolor por la infidelidad volvieron a su mente, a ello se le sumó que había borrado de su memoria la faz de Euridice, no recordaba su rostro. </p>
<p>Su cerebro se envolvió en una tormenta de locura transitoria, e inconscientemente no pudo negarse a girar y mirar el rostro de la amada, el rostro de la traición, el rostro que había olvidado.</p>
<p>Al mirar a Euridice, esta se convirtió en sombra, en nube negra que desapareció, se había violado la condición impuesta por el Dios Hades.</p>
<p>Orfeo despertó del coma en el hospital y deseó estar muerto, porque sabía que ya nunca recuperaría a su amada Euridice.</p>
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		<title>SÓLO SE PUEDE QUERER UNA VEZ</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Aug 2006 00:23:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Descuentos]]></category>

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- &#8220;Sólo se puede querer una vez&#8221; -Martín decía esto cada vez que le dejaban.
&#8220;Esta noche salimos hasta las tantas. Posiblemente ni nos movamos del sitio. Lo veremos llenarse de gente forastera, poco a poco al principio y, a eso de las 12 de la noche, ya por grupos cada vez más insistentes. Hasta que [...]]]></description>
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<p>- &#8220;Sólo se puede querer una vez&#8221; -Martín decía esto cada vez que le dejaban.</p>
<p>&#8220;Esta noche salimos hasta las tantas. Posiblemente ni nos movamos del sitio. Lo veremos llenarse de gente forastera, poco a poco al principio y, a eso de las 12 de la noche, ya por grupos cada vez más insistentes. Hasta que nos echen de la barra, aquí a la vera de la camarera que, tras cuatro o cinco copas, me la voy a declarar amor profundo. Para realizar un sueño, pibe: meterse en la cama a la reina rubia del bar, claro. Una tía de 1&#8242;80, con pechos redondos como manzanas, con esas caderas desnudas bajo la goma del top hasta el cinturón plateado de fantasía. Y esta noche, o mañana por la mañana, porque ya será mañana cuando se vaya y me diga que no, que no, por última vez, antes de cerrar y negarme la última copa, y marcharse con otro en un coche bajo, rojo, metiéndola mano por el pantalón, blanco, que no disimula el tanga, duro, de vinilo o de leopardo. <span id="more-27"></span>Entonces lo intentaré con una morena de media estatura, o baja; con menos carne, o más. O lo intentará ella conmigo, porque el novio de la rubia siempre sale con una rubia y a la morena y a mí ni nos mira. Ni aunque me vea hablándole a su novia, vertiendo de cachondo la copa. Dando el espectáculo. Pero se equivoca. Porque yo no me pongo violento, ya sabes, odio a la gente violenta, sólo es que me violento con algunas rubias, me violento yo solo. Pero eso no es amor, ya lo sabes, eso es deseo, y fantasía, y el pedo que llevas. Otros guardan las formas y se cuidan más y dicen cosas poco interesantes pero que adornan lo justo y no distraen a la tía que les mira el culo y los brazos. Se dan una <em>chance</em> con palabrería ligera para poner una pose justa con el bíceps o con el pectoral y las rubias se vuelven locas. Ya sabes, yo me enamoré de una rubia una vez y no pude agarrarla dos meses. Ni hablándola horas. Ni entrándola con el alma. No les intereso, no es culpa de nadie, es por mi físico. Porque me carga las pelotas sacarme un carné de gimnasio y aguantar a toda esa chusma mirándose de rabillo por encima del trapecio. Agarrándose los brazos como agarrándose el rabo. Fui dos veces y casi me ahogo. Tú lo sabes, me acababa de dejar Julia y me dije, ¿adónde vas a ligar?, apúntate al gimnasio. Pero ni por volver con Julia me hubiera quedado haciendo el mono. Me vi en el espejo con la bermuda y la cinta del pelo y me vi de fracasado. De los que se ríe todo el mundo en los institutos americanos. Ni por Julia, ni por la rubia. Por tremenda que esté. Porque a éstas no se las quiere. Demasiado deseo, no se puede saber. Te pasas la semana queriendo joderlas y sin sangre en la cabeza. No se puede saber. Te apuesto a que me la llevo a la cama&#8230; si no aparece el novio me llevo a la rubia. ¡Porque sí! por cansancio se viene. Me la acerco al baño y la pongo a mil. Éstas no aguantan. Las tiene todo el mundo calientes desde que salen de casa&#8230; que si <em>repaso de arriba a abajo</em>, que si <em>te voy dar de esto y lo otro</em>&#8230; Luego nadie las toca, pibe, por si se rompen. Y luego llega un tío sin pedir permiso y las saca toda la adrenalina de dentro. Pero tú imagina que te estuvieran mirando al paquete desde primera hora de la mañana. Y tú viendo esas caras y esos ojillos que se relamen de pensar lo que no te harían. ¿Cómo estás tú? Pues tú estás a cien. Es que se te nubla la vista. Y entonces llega uno por fin que se lanza y te sacas los demonios. Yo a ésta la cojo en el baño ahora y no se me enfría -seguro-. Me llamas mañana y te contesto metido con ella en la cama. Pero me preguntas otra vez después de haber echado el polvo de mi vida y te digo lo mismo, que sólo se puede querer una vez.&#8221;</p>
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		<title>UNA OPORTUNIDAD</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2006/05/26/una_oportunidad</link>
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		<pubDate>Sat, 27 May 2006 04:38:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Descuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[

- Un café, con leche por favor.
- ¿En taza o en vaso?
- En vaso, gracias.
- Marchando.
Volvió con mi café.
- Un café con leche -confirmó. -Perdone, ¿ha visto usted a la chica que acaba de salir?, la morena.
- No, no me he fijado.
Me miró unos segundos más. No se daba por satisfecho.

- ¿No?
&#8220;No&#8221;, giré la cabeza [...]]]></description>
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<p>- Un café, con leche por favor.</p>
<p>- ¿En taza o en vaso?</p>
<p>- En vaso, gracias.</p>
<p>- Marchando.</p>
<p>Volvió con mi café.</p>
<p>- Un café con leche -confirmó. -Perdone, ¿ha visto usted a la chica que acaba de salir?, la morena.</p>
<p>- No, no me he fijado.</p>
<p>Me miró unos segundos más. No se daba por satisfecho.</p>
<p><span id="more-26"></span></p>
<p>- ¿No?</p>
<p>&#8220;No&#8221;, giré la cabeza para no repetirme. Con algo de sorpresa.</p>
<p>Me quiso explicar la situación.</p>
<p>- Verá, no es que sea asunto mío, pero ella sí que parecía conocerle.</p>
<p>- ¿A qué se refiere? -me extrañé y me picó la curiosidad.</p>
<p>- Pues verá, cuando entró usted por la puerta se levantó de su silla con urgencia, como si entendiese que realmente la silla fuese suya. Y cuando se cruzó con usted en la entrada, se le quedó mirando a su espalda y&#8230; bueno, no sabría cómo decirle&#8230;</p>
<p>- ¿Qué?</p>
<p>- Pues, la chica alargó la mano hacia usted.</p>
<p>- ¿Qué?</p>
<p>- Alargó la mano para tocarle y luego se la llevó a la boca, y luego se fue corriendo.</p>
<p>- Pero, ¿quién era?</p>
<p>El camarero frunció el labio y negó con la cabeza.</p>
<p>- Creía que la conocería usted.</p>
<p>- No, yo no la conozco -negué tan rotundamente que sonó absurdo, teniendo en cuenta que no la había visto. Parecía que estuviera excusándome, porque además ya estaba nervioso.</p>
<p>El camarero se dio cuenta.</p>
<p>- ¿Está usted casado?</p>
<p>- No, no lo estoy, no es eso.</p>
<p>- ¿Ha estado casado?</p>
<p>- ¡No!</p>
<p>- Perdone, sólo intento ayudarle a saber quién es.</p>
<p>- Déjelo, no me importa. Gracias, pero da igual. Puede ser cualquiera.</p>
<p>&#8220;Una chica que alarga la mano hacia un desconocido o un viejo conocido o alguien a quien confunde, qué más da&#8221;, pensé. Pero también me preguntaba quién sería.</p>
<p>- Se habrá equivocado de persona -continué el razonamiento en alto.</p>
<p>- No lo creo, le pasó rozando y parecía muy afectada.</p>
<p>- ¡Bah! No quiere decir nada.</p>
<p>Continuaba empeñado en no tener nada que ver con aquella desconocida o supuesta desconocida. No sé por qué, si me hacía más ilusión lo contrario. Un amor fugaz, misterioso, en el quicio de un bar un lunes por la mañana. ¿Se podía buscar coincidencia más apasionante? Quizá por eso mismo, por el miedo a la ilusión, a equivocarme como tantas veces que me había interesado una mujer y yo quise ver lo que no había en una mirada cruzada por equivocación, una mirada que vista dos veces era de desdén.</p>
<p>- Le advierto que la joven era muy guapa, no le digo más.</p>
<p>El camarero alimentaba la fantasía con ganas de que fuese cierta.</p>
<p>- Tenía un pelo negro espectacular y unos ojos&#8230; no le digo más.</p>
<p>- No, no me diga más. Tengo que ir al trabajo.</p>
<p>- No se vaya, hombre, espere, ¿qué hago si vuelve?</p>
<p>- ¿Y qué quiere que le diga yo?</p>
<p>- Pues&#8230; -dudó, tampoco entendía bien la extrañeza de la situación -no sé, algo, algún mensaje.</p>
<p>- ¿Algún mensaje? ¡Qué mensaje! Si ni siquiera la conozco.</p>
<p>- Yo le he dicho lo que ella hizo, algo tendrá que decirla si me pregunta.</p>
<p>Ya dudé, por la extrañeza de la situación.</p>
<p>- En fin&#8230; trabajo en el edificio de enfrente. Dígale que si me conoce, estoy en la oficina 54 de la tercera planta.</p>
<p>- ¿Nada más?</p>
<p>- Nada.</p>
<p>- Pero es que así&#8230; por qué iba a querer ir a buscarle.</p>
<p>- ¡No lo sé! ¡Si no lo sabe ella!</p>
<p>No dije nada más y me marché sin decir nada más bastante contrariado. Estuve toda la mañana así, confuso y molesto por no poder concentrarme en lo que estaba haciendo. Tampoco sabía cómo justificar mi extraño comportamiento ante mis compañeros. Borré por equivocación un par de e-mails de importancia, me trababa en mis exposiciones y olvidé la reunión de las 12 con los nuevos proveedores. Llamaron enfadados y preguntaron directamente por mi jefe, a quien le reprocharon mi ausencia. Cuando venía hacia mi mesa para abroncarme con toda seguridad yo estaba a punto de confesar mi raquítica excusa para tanta dejadez de funciones sonó la puerta.</p>
<p>La secretaria abrió y entró una hermosa joven de piel blanca, largo pelo negro, no moreno sino negro, y unos ojos verdes tan hipnóticos que cuando llegó a nuestra altura, mi jefe y yo enmudecimos. Entonces alargó su mano hacia mí. Llevaba un papel doblado entre los dedos.</p>
<p>- Recibí tu mensaje. El camarero me dio tu nota.</p>
<p>Quise sonreír, pero no pude. Cogí la nota y la desdoblé:</p>
<p>&#8220;NOS MERECEMOS UNA OPORTUNIDAD&#8221;.</p>
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		<title>GOLPE DE ESTADO</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2006/05/20/golpe_de_estado</link>
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		<pubDate>Sat, 20 May 2006 17:47:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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Me acompañó un libro de edición minúscula. Uno de esos que han sacado las editoriales para vencer la desidia del lector español. Con muy pocas palabras, todas de caja grande, hiladas en renglones decaídos y con grandes entradas en los ojos de las aes, y salidas en los de las oes. Había poco más.
Tenía un [...]]]></description>
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<p>Me acompañó un libro de edición minúscula. Uno de esos que han sacado las editoriales para vencer la desidia del lector español. Con muy pocas palabras, todas de caja grande, hiladas en renglones decaídos y con grandes entradas en los ojos de las aes, y salidas en los de las oes. Había poco más.</p>
<p>Tenía un cigarrillo casi del todo consumido en un cenicero cuyo material imitaba al acero. Y café, una taza enorme de café que rellenería una y otra vez durante las siguientes 72 horas. Yo era un centinela. Me convertí en uno de los mejores.</p>
<p><span id="more-14"></span></p>
<p>La oí revolver en el aparador del estudio, que no fue un dormitorio, y los golpes de las cajas de los cajones contra los fondos maltratados cerraban tareas determinadas con un hastío experto, impropio de alguien que me llegó a querer. Todo se salía de su recipiente, precipitando una cascada de acontecimientos que acabaría dejándome solo. </p>
<p>Eran sus manos las que recogían su cuerpo entero de mi vista en cajas de uno por uno y maletas arrugadas que no llegaron a contener lo planeado. Ahora el plan era otro. Era volverse, huir, repetir todos los planes uno por uno en otra casa, dando a otro la ocasión de armar lo que a mí se me antojó una ecuación inescrutable. Ahí me quedaba yo con la incógnita sin despejar.</p>
<p>Era la misma sensación, y la revelé con consuelo de perdedor, la misma que había tenido una semana antes en la calle Mayor, cuando no fueron finalmente los millones planeados sino unos pocos miles los insurgentes, controlables como al fin se demostró. Casi todos se quedaron en casa, con sus familias, en sus casas ordenadas y pulcras, donde un día si lograron dos poner orden y firmar un acuerdo vitalicio de no agresión. Despejaron la incógnita. ¿Estaban en su derecho de ser cobardes? No, no y no. Nosotros cumplimos nuestra palabra.</p>
<p>El pueblo tiene que manifestar su deseo incondicional de libertad y salir a la calle a defender la democracia, dijo un gobernante que tampoco iría.</p>
<p>Salieron tanques y camiones, retransmitidos por televisión, a reprimir a una masa que no se gestó. Que fueron finalmente grupos dispersos, traicionados por su valor y su fe ciega en los que debieron ocupar flancos y retaguardias desiertas. Yo noté el aliento de los traidores desde sus cobijos cobardes, indispuestos para dar su vida por el porvenir de sus hijos, pero ansiosos de que nosotros, sus camaradas expuestos, la diésemos por ellos. Y la dimos, vaya si la dimos.</p>
<p>Los tiroteos estallaron urgentes en la plaza del Sol de Madrid, decididos a finiquitar la enésima farsa de la revolución lo antes posible. Cabalgando fieras de acero sobre la masa precaria de aliados, ardieron sin sentido de la medida los grifos de sangre de los disparaderos. Y el sudor frío de los que huimos nos consumió también las vísceras. Durante un instante ese sudor me trajo un regocijo bastardo por pensar en los que se quedaron en casa, para los que todas las esperanzas de nuestra victoria se vendrían también sobre las cabezas de sus hijos sin futuro, criados otra vez bajo el yugo de una nueva dictadura.</p>
<p>Ella, ajena por unas horas a la conciencia del nuevo orden, trataba de alcanzar un orden quizá aún más difícil y que empezaba por dejar atrás tanto desorden como el que libraba dejándome atrás a mí. Y francamente, en ese momento fue lo único que me importó. Para nuestro hijo, condenado a no nacer, tampoco habría libertad.</p>
<p>No valgo para las grandes ocasiones, porque me puede la catástrofe y me paraliza el corazón. Eso fue lo que sentí en Sol y me volvía a pasar ahora. No sentía nada, y sin embargo, me aterraba la promesa del dolor que aguardaba certero y agudo tras que ella cerrase la puerta principal.</p>
<p>Esta noche, entonces sí, y mañana por la noche, y todas las noches de los próximos cientos de días dejaría de dormir y toda mi vida, que es ella, me vendría a la cabeza envuelta en su dulzura cegadora. Porque la vida es muy complicada, complícadisima, si no me la explican sus ojos, los dientes de su sonrisa abriéndose paso entre mis pesadillas, su corazón blanco como una nimba. Oía su trajín con los bártulos del estudio. Tengó que tirar el aparador, pensé.</p>
<p>La vida personal y la realidad social del mundo a veces coinciden con retranca. Recuerdo que pensé que mi realidad, mi vida más mis ensoñaciones, estaban marcadas por la entidad común de un golpe de estado. Un atentado contra mi legalidad vigente. El ejército, levantado en armas por un lado, contra una diligencia de terroristas suicidas al otro. Sin moverse de sus asientos. Yo por lo menos estaba petrificado. Y sin embargo, cuando la vi aparecer por el salón con sus maletas medio vacías, yo que no valgo para grandes ocasiones, le di al momento una altura proverbial: &#8220;vivimos un golpe de estado&#8221;.</p>
<p>Ella me miró con el ceño gastado. No era hastío, sino autoculpa. No pensó que ya no me quería, valoraba cómo imposible haberlo hecho alguna vez.</p>
<p>Hay mujeres que se entregan con una actitud parásita, buscan absorberte sin dar más a cambio que puro servilismo. Pero ella era creativa, independiente, construía su propia vida al margen de la tuya para luego desvelarte sus matices más íntimos. Un tesoro mágico de descubrimientos que intercambiaba luego por tus convicciones profundas en un verdadero acto de amor. El verdadero amor, como sólo ella lo entendía, el descubrimiento de uno mismo por el otro.</p>
<p>Para quererla, para quererla más, de verdad, aún tendrían que pasar unos días. Entonces el dolor sería tan agudo que los presos políticos de la dictadura maldecirían sus ideales joviales por sentir que habían arruinado su vida. Camino del patíbulo, niños de no más de 28 años rogarían a la autoridad una segunda oportunidad para poder ser alguien en la vida. Cuando por fin cerró la puerta principal que da la calle, ya era tarde.</p>
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		<title>GANAS DE VIVIR</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2006/02/18/ganas_de_vivir</link>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2006 23:29:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Descuentos]]></category>

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Hoy me he levantado con una sensación extraña; de vacío, pero más violento. Al principio he pensado que era por la resaca. Pero luego me he dado cuenta de que no, porque todos los sábados tengo resaca y no tengo esta sensación. Ha sido como una revelación: la del que un día se mira al [...]]]></description>
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<p>Hoy me he levantado con una sensación extraña; de vacío, pero más violento. Al principio he pensado que era por la resaca. Pero luego me he dado cuenta de que no, porque todos los sábados tengo resaca y no tengo esta sensación. Ha sido como una revelación: la del que un día se mira al espejo, como todos lo días, pero esa vez se da cuenta, así, de repente, que ha perdido las ganas de vivir.</p>
<p>Usted se preguntará, con razonable desconcierto, si uno puede perder las ganas de vivir, así, de repente, como el que pierde el mechero; si un señor puede estar a un momento contando chistes en una reunión de amigos con la cara enrojecida y el acento sazonado por el alcohol, y de repente, sin más, quedarse callado y perder las ganas de vivir.</p>
<p><span id="more-25"></span></p>
<p>No es mi intención extrapolar este hallazgo moral, porque aunque como usted yo también tengo resacas y cuento chistes, nunca me he considerado un ejemplar representativo de mi género. Cuando usted piensa en un gato, en seguida se le viene a la cabeza uno de esos gatos negros de ojos amarillos, un siamés o quizá uno blanco con el pelo muy largo de esos que llaman de Angora. No se le ocurría imaginar a un gato pelón, a uno afectado por una vesícula visible en el lomo o incluso a un gato deprimido, que no se mueve ni juega cuando le acercas un ovillo de lana. Eso ni es gato ni es nada, dirá usted,y con razón; jamás escogería un gato así para rescatarlo de la cárcel de una pajarería. Es posible que ni siquiera encontrase un gato así, en el caso de que usted fuese otro ejemplar raro y le pareciera interesante adquirirlo, en ninguna pajarería. No lo intente.</p>
<p>Cuando alguien piensa en un hombre, en un ejemplar de hombre, se imagina a uno de esos actores en los carteles de las películas antiguas, con los músculos de la cara resaltados o a otro de esos hombres trajeados que salen saltando en los anuncios de trajes a medida. Usted no se imagina tampoco a alguien como yo.</p>
<p>Eso mismo he pensado yo al mirarme al espejo esta mañana: “Nunca nadie te escogería para protagonizar una campaña publicitaria. Nadie elegiría tu imagen como icono de una colonia que se llamase <em>Hombre</em>. Nadie enviaría una foto tuya, como representación de tu especie, a un alienígena entomólogo”. ¿Qué tipo de hombre soy yo entonces? Y esta pregunta me ha revelado otra más inquietante aún: ¿Por qué pienso que soy un hombre? No lo confirman los carteles de las marquesinas. Tampoco me da pistas mi propio reflejo en el espejo, que se parece a uno de esos que devuelven la imagen deformante. ¿Soy un hombre? ¿Qué motivos objetivos me llevaron a una conclusión tan aventurada?</p>
<p>Entonces he tomado la única decisión lógica: he llamado a mi madre para preguntarle.</p>
<p>- Mamá, perdona que te moleste, tengo que reclamarte una cosa; tu confirmación de que soy la persona que salió de tu seno.</p>
<p>- Hijo, qué cosas. ¿Te has mirado bien en el espejo? Eres la viva imagen de tu abuelo Carmelo. Heredaste la peculiar nariz aguileña de mi familia, que por norma afea en otras caras, pero que por rara armonía de nuestras facciones embellece en la nuestra.</p>
<p>Me llevé la mano a la nariz instintivamente, buscando un alivio casi científico. Y nunca me alegré tanto de encontrarla allí, delante de mi cara; esa estribación aguda que tantas pesadumbres me trajo en la adolescencia.</p>
<p>- Mamá, te quiero. Qué tal estás.</p>
<p>- Bueno, ya sabes. Bien, como siempre.</p>
<p>- ¿Mamá?</p>
<p>- Dime hijo.</p>
<p>- ¿Tú tienes ganas de vivir todavía?</p>
<p>- A mi edad, hijo, es inevitable también tener ganas de morir. Sólo que pienso en vosotros y me da miedo no volver a veros; a ti, a tu hermana.</p>
<p>- A mí también me da miedo, mamá. Cierro los ojos y no me gusta lo que veo.</p>
<p>- Hijo, el universo está compuesto por estrellas, que aunque las veamos tan cerca entre sí en el firmamento, están en realidad a millones de kilómetros las unas de las otras, aisladas por una oscuridad impenetrable. Por eso brillan, hijo, por eso brillan, porque sólo ven oscuridad. Su luz representa sus ganas de vivir.</p>
<p>Me tumbé en la cama con el auricular del teléfono, cerré los ojos y traté de imaginarme el firmamento lleno de estrellas: su luz blanca no rompía el cielo, más bien lo adornaba como brocado en la túnica de un mago; parpadeaban y se movían con una intermitencia casi ignorada por el ojo humano. Allí me quedé en un estado de falso sueño, como muerto de tantas ganas de vivir.</p>
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		<title>MOMENTO EN LA PLAYA</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2006 03:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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Después del concierto, nos sorprendieron los primeros relámpagos azules desde la playa. Se acababa el verano. Había estado retrasando el momento con la mente, pero ya no iba más: esa amargura dulce y temblorosa de final me sobrecogía como los fuegos artificiales a los cangrejos.
Me agarré de su mano porque miraba al cielo de colores [...]]]></description>
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<p>Después del concierto, nos sorprendieron los primeros relámpagos azules desde la playa. Se acababa el verano. Había estado retrasando el momento con la mente, pero ya no iba más: esa amargura dulce y temblorosa de final me sobrecogía como los fuegos artificiales a los cangrejos.</p>
<p>Me agarré de su mano porque miraba al cielo de colores explosivos como una niña de cinco años, y yo quería ser parte de esa emoción infantil que tenía en los ojos y en las mejillas. Así miraba ella al mundo: como si nunca perdiese conciencia del milagro de estar vivo. Ella veía la belleza del mundo y el mundo le devolvía toda su belleza: era un trato sencillo.</p>
<p><span id="more-13"></span></p>
<p>La brisa movía su flequillo moreno y denso, que el cielo imitaba su color y la marea acompañaba cada vuelo con un rugido cálido. Ella sonreía con los ojos, teñidos de carbón, blancos como dos lunas bajo las pestañas. Supe que ese momento me acompañaría toda la vida; ahora si no se movía, todo permanecería así inmutable: el mar, el cielo, la playa y yo mismo, para siempre formando parte de ella. Yo figuraba un milagro que nos dejaría impresos en un cuadro urgente y eterno como de litorales impresionistas. Acaso convertidos en estatuas de sal o esculturas de arena.</p>
<p>Hubiera buscado ese pelo y esos ojos eternamente, en todos mis arrebatos de inspiración. Hay niños que pasan el día de playa buscando formas ajenas en la arena: rasgos de un rostro que corresponde a un sueño o que les perteneció en otra vida, cuando pretendieron la esencia de la misma vida, antes de que uno de sus avatares propios lo arrojase a otro escenario contiguo de otro plano de existencia paralelo.</p>
<p>Al final de la mañana el padre llama al niño, ensimismado en su mundo interior, ajeno a su vida presente, asido al instinto de encontrar la verdad en la inmensidad inaparente de la creación. Remueve las manos bajo la tierra sin encontrar allí la mano de ella, pero con la esperanza de que el dibujo sobre la superficie de ese ímpetu le devuelva un esbozo de la escena a la que de verdad pertenece, una pista para volver a ella.</p>
<p>El padre casi tiene que arrastrarlo a casa y sentarle a cenar, no sin haberlo reprobado antes con enseñanzas pobres y mezquinas, como si fuese un niño tonto. Cenará en silencio toda esa comida de plástico o atrezzo, pero sabrá que esa familia es de mentira y, a la mañana siguiente, volverá a la playa y buscará a su amor mientras los padres confirman que juega.</p>
<p>Yo lo había conseguido, había llegado antes de crecer y ser confundido y engañado por lo populoso de la vida falsa. La había encontrado a ella justo donde sabía que tenía que buscar. La noche, la luna y los relámpagos azules no eran un presente, sino un después, el único destino lógico de lo que de verdad existe.</p>
<p>Ella no se movería nunca: el parpadeo de sus pestañas y el vuelo de su flequillo surcaban el espacio de lo infinito. Yo sonreía porque podría mirarla para siempre.</p>
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		<title>ELLA EMPEZÓ A MIRARME EN RÍOS ROSAS ::: j. j. millás´</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2006 04:59:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Marcas]]></category>

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Me metí en la línea 1 del metro porque creo que es la más larga y te da tiempo a todo. Estaba dispuesto a contar el número de los que entraban y salían en cada estación para ver si podía relacionar una cantidad con otra y descubría algún secreto numérico semejante a los de las [...]]]></description>
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<p><img src="http://www.cuentosydescuentos.com/wp-content/uploads/mill.jpg" hspace="14" vspace="6" align="right" border="0" alt="" />Me metí en la línea 1 del metro porque creo que es la más larga y te da tiempo a todo. Estaba dispuesto a contar el número de los que entraban y salían en cada estación para ver si podía relacionar una cantidad con otra y descubría algún secreto numérico semejante a los de las pirámides de Egipto. Trabajo para una revista de temas esotéricos y al director le encanta que le vayas con historias de éstas. Al final me di cuenta de que era imposible llevar la contabilidad, incluso si te concentras en un solo vagón, y escribí un rollo, que también gustó mucho, sobre la gente que parece que va a entrar, pero al final se queda fuera, y la que parece que va a salir, pero al final se queda dentro. Afirmé que el fenómeno ocurría sobre todo en Bilbao y el caso es que recibimos en la redacción un montón de cartas dándonos la razón. Gente que vivía en esa zona nos contaba que tenía que coger el metro, o bajarse de él, en la parada anterior, o en la posterior, porque había una fuerza magnética que les impedía hacerlo en esa parada. A veces, con estas cosas, aciertas sin querer. La cuestión es que desde entonces yo mismo me quedo como paralizado siempre que paso por Bilbao, donde, por otra parte, está la redacción de la revista.</p>
<p><span id="more-30"></span></p>
<p>Pero a lo que iba es que una vez que renuncié a contar a los que entraban y salían, me concentré en una chica  de pelo corto que iba junto a la puerta y que no dejaba de mirarme desde Ríos Rosas. Pensé que a lo mejor me conocía de la revista esotérica, porque dan mis artículos con una foto, aunque a veces se equivocan y meten la de un imbécil que tiene un apellido parecido al mío y que está especializado en apariciones marianas. El caso es que me acerqué un poco y comencé a mirarla yo también, aunque procurando que mi mirada no resultara tan impertinente como la suya.</p>
<p>Entonces, de súbito, me di cuenta de que la chica respiraba. Ya sé que todo el mundo respira, no es eso, lo que quiero decir es que vi su respiración, como si la hubieran coloreado para distinguirla del resto de la atmósfera. O sea, que veía el caudal de aire que entraba por sus narices, porque aspiraba por las narices, y luego lo veía salir por la boca un poco desgastado por el uso que las células o las bacterias habían hecho de él dentro de su cuerpo. Era fascinante y un poco enloquecedor en el mejor sentido, porque si le ves a alguien el aliento de ese modo es como si le vieras el alma y, claro, cuando le ves el alma a alguien te enamoras, aunque sepas que te va a hacer daño.<br />
En esto, advertí que también mi respiración se diferenciaba del resto del aire y que ella podía verla como yo la suya. Entendí por qué había empezado a mirarme con esa intensidad en Ríos Rosas. Entonces, aunque estábamos como a medio metro de distancia y había una cabeza oscilante entre los dos, nuestras respiraciones empezaron a jugar, quiero decir que se encontraban a medio camino y luego iban de su boca a la mía ejecutando formas que nos hundían en el delirio y nadie más que ella y yo nos dábamos cuenta, y era como hacer el amor, como follar quiero decir en medio de todo el mundo. Y el ruido del tren era en realidad un aullido de placer, pero sólo ella y yo lo sabíamos.</p>
<p>Desde entonces, coincidíamos sin hablar todos los días en la estación de Plaza de Castilla y nos hacíamos la línea 1 entera sin parar de follar, con perdón, ya digo, con nuestros alientos. Lo que pasa es que un día ella se bajó en Bilbao indicándome que la siguiera con la mirada. Pero como yo no puedo apearme en Bilbao por esa cosa paranormal que decía antes, me quedé dentro y ella se ha debido imaginar que me he cansado porque no he vuelto a verla en esta línea.</p>
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		<title>MI CASA</title>
		<link>http://www.cuentosydescuentos.com/2005/12/19/title_28</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2005 06:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dani</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Descuentos]]></category>

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&#8220;Cada coche guarda una historia&#8221;, dice un anuncio de televisión. Será que a través de sus ventanillas uno puede ver mejor que detrás de una persiana bajada. En un coche miras al de al lado y entre los dos decidís lo que va a pasar: las casas son prisiones anquilosadas donde encerrarse de la vista [...]]]></description>
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<p><img src="http://www.cuentosydescuentos.com/wp-content/uploads/explos_01.jpg" align="right" vspace="0" hspace="16" border="0" alt="" />&#8220;Cada coche guarda una historia&#8221;, dice un anuncio de televisión. Será que a través de sus ventanillas uno puede ver mejor que detrás de una persiana bajada. En un coche miras al de al lado y entre los dos decidís lo que va a pasar: las casas son prisiones anquilosadas donde encerrarse de la vista de todos.<br />
<span id="more-24"></span><br />
&#8220;¿Cuánto mide tu yate?&#8221; es el título de un disco. También es una conversación en el hipódromo de Madrid. Gilipollas: los hipódromos se inventaron para gente como Bukowski, dispuesta a jugarse la vida y no el yate. Ahora la gente se juega la vida en los coches.</p>
<p>&#8220;La gente no deberíamos tener casa ni mucha ropa, deberíamos vestir siempre la misma, como los dibujos animados&#8221;. Esto lo dice Martín. Me lo ha dicho porque le he contado que me voy a comprar una casa. Me voy a comprar una prisión por 100.000 pesetas al mes el resto de mi vida, en vez de robar un coche y perderme en la serranía de Cádiz. Y me siento tremendamente culpable y vulgar.</p>
<p>&#8220;Ese no era el plan&#8221;, dice también Martín y yo le adivino la lucidez en esos ojos rojos que tiene cuando es de noche. &#8220;Lo sabés, sabés que no era el plan&#8221;.</p>
<p>En realidad no tengo ninguna gana de sincerarme, ni de ponerme solemne; sólo quiero quemar mi puta casa con mi amigo esta misma noche. Ir allí con un cargamento de gasolina y ver derretirse la fachada como una cara bajo el ácido: ver saltar por los aires toda la inamovible lógica de esta sociedad de mierda que nos vinieron a vender a la puerta del colegio.</p>
<p>&#8220;Ayer quemé mi casa.<br />
Aún tengo en la retina<br />
el humo de las llamas,<br />
mis páginas escritas.<br />
No hay nadie que me impida<br />
hacer sonar mi armónica,<br />
perdido en la autopista<br />
las horas melancólicas.</p>
<p>Hoy no.<br />
Hoy no me detendrán.&#8221;<br />
Esto lo dice Quique González.</p>
<p>Todos vosotros, sin excepción, todos me parecéis un fraude. Quedaos con vuestras casas y vuestras depresiones.</p>
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