SANGRE DE MENTIRA

Los personajes, el ambiente, la trama… todo estaba listo para un relato más de éxito en la pequeña comunidad del frío. Cuando, para sorpresa de este falso escritor, uno de los personaje saltó, me saltó como un loco de la hoja y se me agarró al cuello. Era Nacho, el pordiosero embustero que abusó de su prima Eva cuando ésta sólo tenía 13 años. Pobre Eva, hice lo posible por retratar su drama, escogí algunos pasajes terribles: su complejo de culpa, su abominable sensación de bienestar. Sólo era una niña confundida, Nacho no la forzó, pero la manipuló… ¡No la forcé, claro que no la forcé! Me grita ahora con sus sucias manos presionando mi nuez. Casi, casi ya no puedo respirar. Tengo las manos manchadas de tinta negra y resbalan en sus manos. No puedo quitármele de encima. Es fuerte, más fuerte que yo. Más fuerte que Eva.

Y toda esta farsa milagrosa es más real que mi propia vida, yo la creo y por eso me ahogo, me ahogo. Llevo semanas sin moverme de aquí, perdido en las calles de un Madrid inventado, donde Nacho, Eva y el novio de ella, Carlitos, han perdido la dignidad o yo se la he arrebatado porque no tenía una propia y me inventé otra para destruirla y hacerles partícipes de este derrumbe. Les he ido acomodando en sus repugnantes papeles. A Eva la he violado yo y a Nacho, a Nacho le he convertido en un criminal abyecto por un instinto maldito mío, una cobardía propia de no hacérmelo con Eva yo y expiar a Nacho de su culpa. Él me odia, pero me odia con razón. Soy yo, soy yo y no tú. Si tuviera un último hilo de aliento en la laringe gritaría con todas mis fuerzas que fui yo, compañero, que siempre he sido yo. Que no falta que me odies, que acepto tu sentencia de muerte como una purga. Que en mis ojos no hay encono, sino alivio. “No me odies”, creo que es la frase más bella jamás pronunciada. La pronunció Eva para explicarle a Carlitos, para desahogarse. Y Carlitos no entendió, porque Carlitos tiene sólo 15 años y no sabe odiar, sabe sentir algo parecido mientras grita a Eva, y la culpa, y la culpa tan injustamente y con tal repudia que Eva no puede llorar. Eva no llora y Carlitos la culpa porque la culpo yo y no la dejo ni el consuelo del llanto.Todo es horrible, todo lo he inventado yo.

Carlitos no lo entiende, porque yo no dejo que lo entienda. Yo sé lo que ha pasado, pero nunca he intentado ayudarle, me ha dado cosa, no sé. En el fondo pienso que Eva no le conviene y que, a pesar suyo, depende tanto de Nacho, que el sexo sólo es algo circunstancial. Carlitos no puede ayudarla porque Carlitos tiene 15 años y yo a los 15 años no podía ayudar a nadie, no sabía nada. Entonces Eva se marchó sola. Yo sabía lo que iba a suceder mejor que nadie y la dejé marchar sola. Nadie hizo nada por ella. Me lo pidieron: Carlitos, Nacho, incluso algunos transeúntes anónimos que pasaban por allí. Todos me rogaron que les dejara hacer algo, pero yo fui implacable. Incluso Eva, creo que tras una tristeza infinita y nebulosa me hizo un gesto desde el fondo de su alma, me esbozó algo así como un “no”, “no quiero”. Pero yo no di marcha atrás. La ejecuté de un empujón en lo alto del puente Segovia. Exactamente como murió aquel tipo trajeado que me miraba con los mismos ojos una primavera de 1994, cuando yo tenía sólo 15 años y no hacía nada por nadie, no sabía nada.

El tipo voló durante dos segundos, eternos, en los que pareció ascender definitivamente hasta los cielos, un segundo antes de caer como un peso muerto en menos de una décima, dejando un boquete en el carril bus y otro en mi alma que yo entonces no pude, no supe advertir. Me asomé a mirar como si fuera un gato caído al vacío. Sin sangre en las venas sobre un charco gigantesco de ella. Recuerdo que me pareció chocolate. El mismo chocolate que salió del cuerpo de Eva, para alimentar a un perro callejero hasta la interminable llegada de la policía. Es un perro vampiro, dijo Sam a su compañero antes de comprobar con el dedo índice enfundado en un guante de cuero que, efectivamente aquella sustancia oscura era chocolate negro. ¿Por qué chocolate? ¿Por qué esa burla?, siento que me reprocha Nacho encaramado a mi escritorio, con los ojos inyectados en una sangre tan real como la mía. No es real, me dije al principio, pero luego pensé que si yo mismo era real, por qué no. Si yo que no soy más que una ficción de los demás, una burla en el paisaje de Madrid, por qué no iba a ser verdad. “Asesinado por un asesino inventado”; “Muerte inventada de un escritor real”.

Ahogarse es tan sencillo que da miedo, sólo tienes que dejar de respirar. Siempre una gota más de miedo que seguir viviendo, una gota de chocolate en un dedo.

3 comentarios para “SANGRE DE MENTIRA”

  1. Martinez Marcos dice:

    Me ha recordado al mejor Benjamín Prado (nunca le des la mano a un pistolero zurdo), incluso al mejor Ray Loriga (Héroes).

    Enhorabuena.

  2. mili dice:

    me gusto mucho lo que lei.. escribo mucho cuentos, historias, y me indentifique con el texto.. excelente

  3. Cosme dice:

    Saludos

    Hey, queremos invitarte a un proyecto colectivo de arte.

    La bases para participar son muy sencillas: cada mes existe un tema el cual se debe desarrollar de una manera artística, esto incluye cualquier tipo de escritos (poema, ensayo, cuento, novela..), con una fotografía, un comic, un cartel, una escultura incluso un video.

    Si te interesa participar el tema para el mes de diciembre es:

    “Susurro con aroma escarlata”

    Si no quieres participar pero crees que el proyecto vale la pena, por favor corre la voz.

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