UNA OPORTUNIDAD

- Un café, con leche por favor.

- ¿En taza o en vaso?

- En vaso, gracias.

- Marchando.

Volvió con mi café.

- Un café con leche -confirmó. -Perdone, ¿ha visto usted a la chica que acaba de salir?, la morena.

- No, no me he fijado.

Me miró unos segundos más. No se daba por satisfecho.

- ¿No?

“No”, giré la cabeza para no repetirme. Con algo de sorpresa.

Me quiso explicar la situación.

- Verá, no es que sea asunto mío, pero ella sí que parecía conocerle.

- ¿A qué se refiere? -me extrañé y me picó la curiosidad.

- Pues verá, cuando entró usted por la puerta se levantó de su silla con urgencia, como si entendiese que realmente la silla fuese suya. Y cuando se cruzó con usted en la entrada, se le quedó mirando a su espalda y… bueno, no sabría cómo decirle…

- ¿Qué?

- Pues, la chica alargó la mano hacia usted.

- ¿Qué?

- Alargó la mano para tocarle y luego se la llevó a la boca, y luego se fue corriendo.

- Pero, ¿quién era?

El camarero frunció el labio y negó con la cabeza.

- Creía que la conocería usted.

- No, yo no la conozco -negué tan rotundamente que sonó absurdo, teniendo en cuenta que no la había visto. Parecía que estuviera excusándome, porque además ya estaba nervioso.

El camarero se dio cuenta.

- ¿Está usted casado?

- No, no lo estoy, no es eso.

- ¿Ha estado casado?

- ¡No!

- Perdone, sólo intento ayudarle a saber quién es.

- Déjelo, no me importa. Gracias, pero da igual. Puede ser cualquiera.

“Una chica que alarga la mano hacia un desconocido o un viejo conocido o alguien a quien confunde, qué más da”, pensé. Pero también me preguntaba quién sería.

- Se habrá equivocado de persona -continué el razonamiento en alto.

- No lo creo, le pasó rozando y parecía muy afectada.

- ¡Bah! No quiere decir nada.

Continuaba empeñado en no tener nada que ver con aquella desconocida o supuesta desconocida. No sé por qué, si me hacía más ilusión lo contrario. Un amor fugaz, misterioso, en el quicio de un bar un lunes por la mañana. ¿Se podía buscar coincidencia más apasionante? Quizá por eso mismo, por el miedo a la ilusión, a equivocarme como tantas veces que me había interesado una mujer y yo quise ver lo que no había en una mirada cruzada por equivocación, una mirada que vista dos veces era de desdén.

- Le advierto que la joven era muy guapa, no le digo más.

El camarero alimentaba la fantasía con ganas de que fuese cierta.

- Tenía un pelo negro espectacular y unos ojos… no le digo más.

- No, no me diga más. Tengo que ir al trabajo.

- No se vaya, hombre, espere, ¿qué hago si vuelve?

- ¿Y qué quiere que le diga yo?

- Pues… -dudó, tampoco entendía bien la extrañeza de la situación -no sé, algo, algún mensaje.

- ¿Algún mensaje? ¡Qué mensaje! Si ni siquiera la conozco.

- Yo le he dicho lo que ella hizo, algo tendrá que decirla si me pregunta.

Ya dudé, por la extrañeza de la situación.

- En fin… trabajo en el edificio de enfrente. Dígale que si me conoce, estoy en la oficina 54 de la tercera planta.

- ¿Nada más?

- Nada.

- Pero es que así… por qué iba a querer ir a buscarle.

- ¡No lo sé! ¡Si no lo sabe ella!

No dije nada más y me marché sin decir nada más bastante contrariado. Estuve toda la mañana así, confuso y molesto por no poder concentrarme en lo que estaba haciendo. Tampoco sabía cómo justificar mi extraño comportamiento ante mis compañeros. Borré por equivocación un par de e-mails de importancia, me trababa en mis exposiciones y olvidé la reunión de las 12 con los nuevos proveedores. Llamaron enfadados y preguntaron directamente por mi jefe, a quien le reprocharon mi ausencia. Cuando venía hacia mi mesa para abroncarme con toda seguridad yo estaba a punto de confesar mi raquítica excusa para tanta dejadez de funciones sonó la puerta.

La secretaria abrió y entró una hermosa joven de piel blanca, largo pelo negro, no moreno sino negro, y unos ojos verdes tan hipnóticos que cuando llegó a nuestra altura, mi jefe y yo enmudecimos. Entonces alargó su mano hacia mí. Llevaba un papel doblado entre los dedos.

- Recibí tu mensaje. El camarero me dio tu nota.

Quise sonreír, pero no pude. Cogí la nota y la desdoblé:

“NOS MERECEMOS UNA OPORTUNIDAD”.

11 comentarios para “UNA OPORTUNIDAD”

  1. Hache dice:

    Me ha encantado, Dani.

  2. Ciudadano dice:

    No nos dejes así, escribe la segunda parte

  3. luis dice:

    Está muy bien!

  4. loren dice:

    Quién no ha deseado en alguna ocasión una situación parecida?.Es cierto que todos nos merecemos una opòrtunidad.
    Muy bueno, Dani.

  5. Maria y la Roci dice:

    Bueno Dani, te vas saliendo, que sepas que en Dublin tienes a dos fans esperando que continues escribiendo. La Meri dice que cuando publiques tu primer libro estará alli para que lo firmes. Por cierto que nos mandes al Loren con la continuación, que aquí estamos muy faltas de cosas tan buenas. Enhorabuena!!

  6. Angel Serrano dice:

    La verdad es que me he quedado de piedra. No me esperaba el final de la chica.

  7. tierragramas dice:

    Muy buen relato breve. De verdad. Está muy bien logrado el contexto, el ambiente. Los dialogos.

    Muy bueno.

    Felicitaciones.

  8. Patty dice:

    Hay veces en que uno busca historias.. otras las historias te encuentran como esta vez :) .. ha sido una grata sorpresa.

    Cariños

    Patty

  9. Nene dice:

    Me encanto la historia!
    Seguire leyendole.
    Felicidades

  10. Arilena dice:

    Estupendo! Con ese final y durante toda la lectura se está deseando saber más.

    Volveré por esta página de relatos a por más.
    Un saludo

  11. SIDWNDR dice:

    Not bad at all, but this topic is rather little of interest. Please do not disappoint your readership.