MI CASA

“Cada coche guarda una historia”, dice un anuncio de televisión. Será que a través de sus ventanillas uno puede ver mejor que detrás de una persiana bajada. En un coche miras al de al lado y entre los dos decidís lo que va a pasar: las casas son prisiones anquilosadas donde encerrarse de la vista de todos.

“¿Cuánto mide tu yate?” es el título de un disco. También es una conversación en el hipódromo de Madrid. Gilipollas: los hipódromos se inventaron para gente como Bukowski, dispuesta a jugarse la vida y no el yate. Ahora la gente se juega la vida en los coches.

“La gente no deberíamos tener casa ni mucha ropa, deberíamos vestir siempre la misma, como los dibujos animados”. Esto lo dice Martín. Me lo ha dicho porque le he contado que me voy a comprar una casa. Me voy a comprar una prisión por 100.000 pesetas al mes el resto de mi vida, en vez de robar un coche y perderme en la serranía de Cádiz. Y me siento tremendamente culpable y vulgar.

“Ese no era el plan”, dice también Martín y yo le adivino la lucidez en esos ojos rojos que tiene cuando es de noche. “Lo sabés, sabés que no era el plan”.

En realidad no tengo ninguna gana de sincerarme, ni de ponerme solemne; sólo quiero quemar mi puta casa con mi amigo esta misma noche. Ir allí con un cargamento de gasolina y ver derretirse la fachada como una cara bajo el ácido: ver saltar por los aires toda la inamovible lógica de esta sociedad de mierda que nos vinieron a vender a la puerta del colegio.

“Ayer quemé mi casa.
Aún tengo en la retina
el humo de las llamas,
mis páginas escritas.
No hay nadie que me impida
hacer sonar mi armónica,
perdido en la autopista
las horas melancólicas.

Hoy no.
Hoy no me detendrán.”
Esto lo dice Quique González.

Todos vosotros, sin excepción, todos me parecéis un fraude. Quedaos con vuestras casas y vuestras depresiones.

5 comentarios para “MI CASA”

  1. Rosa dice:

    Acabas de hacerme sentir culpable, pero me ha encantado tu “descuento”.

  2. luis dice:

    Vaya pensé al ver el título que iría de E.T. Ma ha gustado ;-)

  3. Loren dice:

    También me ha gustado.
    Podría alguien decirme porqué los deseos no encajan con la realidad?

  4. dani dice:

    ¡Qué bueno que me leas, Loren! En cuanto a tu pregunta, pienso que no sabemos ni lo que queremos: no distinguimos entre nuestros deseos primarios y los que nos crean, así de claro lo veo.

    No sé si Jodorowsky o Sánchez Dragó propuso una vez durante una charla en la Autónoma lo siguiente: Si uno quiere saber realmente qué es, debe contestar tres veces seguidas a la pregunta ¿qué soy? condicionando sucesivamente la respuesta. A la tercera, la contestación se corresponderá con lo que de verdad uno es. Por ejemplo:

    ¿Qué soy?
    Un hombre.

    ¿Qué soy? Ahora evite dar cualquier dato que podría hallar en su propia imagen en el espejo.
    Madrileño.

    ¿Qué soy? Ahora evite también dar cualquier información biográfica sobre usted.
    Aquí se contesta la buena.

    En fin, esto es una chorrada auténtica. Pero a mí me hace pensar una cosa: ¿cuántas preguntas de este tipo deberíamos hacernos para hallar lo que verdaderamente deseamos? Una infinidad. Por ejemplo:

    ¿Qué desea usted?
    Una casa.

    ¿Qué desea usted? Ahora evite mencionar cualquier deseo compartido con la gente que conoce.

  5. Loren dice:

    Ayuda un poquito, aunque sigo viendo en la calle que todo continúa como lo dejé hace unos días. Poco a poco va aumentando el número de cosas, sentimientos, pensamientos y sueños que se consideran utópicos, es que en un futuro no muy lejano dejaremos de hacer todas estas cosas para no sentirnos marginados?