EL MONÓLOGO DEL PREGONERO

“…¡Con la zozobra del que tiene tanto qué decir, que nunca abre la boca!”. Así terminaba, entre aplausos y pitos, el último orador. Antes de ese grito epílogo había estado cerca de 15 minutos en el escenario sin hablar.

Estábamos en fila preferente de un certamen de Jóvenes Artistas Urbanos (JAU), que son como los Jóvenes Artistas Rurales (JAR), pero con chapas en la chaqueta de pana. Veníamos a ver a la hermana de ‘Loco Martín’ interpretar un monólogo escrito por Loco, en el que una chica se autolesiona para ligarse al más guapo del instituto, que es maltratador.

Le noto nervioso al pibe. Mi colega escribe muy bien, con la gracia del que se divierte y luego no toca ni una coma. Y aunque le jode reconocerlo, le acojona estar en el certamen éste. Le veo repasar todos los monólogos, tomar notas mentalmente; vigilar la interpretación, las frases, las reacciones del público. Está comparando a todos con su texto, haciendo una clasificación mental de cómo van las puntuaciones, como en los programas de Eurovisión, cuando hay dos o tres favoritos subiendo y apeándose del Número 1 hasta el último momento.

Al mejor de todos lo premian al final. Hay una parte fuerte de dinero y una oferta de editarle un libro. A los dos el que más nos ha gustado ha sido el Monólogo del Pregonero. Para Loco es el que va primero en la contrarreloj, hasta que salga a correr su hermana:

“¡Vosotros! ¡Con vuestras corbatas y vuestros trajes, vuestros coches metalizados y vuestros teléfonos móviles! Vosotros habéis entregado toda vuestra vida al dinero, el mismo que siempre os pide un poco más, sólo un poquito más para ser felices.

Yo os digo que os han engañado, yo os aseguro que perdéis el tiempo. No encontraréis la felicidad en ninguna de vuestras facturas: no devolváis vuestras tarjetas de crédito.

¡Vosotros! Incapaces de partir vuestro trozo del pastel en dos. Capaces de comer sin hambre, de beber sin sed, de vivir sin tiempo. Lo único que ejercéis con total devoción es la muerte y la tortura, y luego anestesiáis de todo ello al cerebro.

¡Vosotros! Los con papeles. Los sin conciencia. Los indecentes. Los hijos bastardos de la civilización. Habéis hundido la Historia en un pozo de desmanes. Lo que siento por vosotros está entre el asco y la pena, en ese orden.

Nos matan de hambre vuestras papadas. Nos aplastan vuestros insulsos correteos por vuestro mundo inventado para no ver el verdadero, y no vomitar de miedo. Vuestro tiempo nos quita el nuestro. Sois la basura revelada y erigida en dictadura, la dictadura del asco”.

El tío estuvo duro y traía muy medidos los tiempos del recital. A la gente no nos gusta que nos culpen del horror del mundo, salvo en un auditorio. Si te lo dice un ministro o un periodista lo condenas, si te lo dicen en un cine o en un teatro aplaudes a rabiar y que le den el Oscar, el Tony y el Grammy. Y al salir de la obra te comes tu hamburguesa en el local más cercano: “ahora sí, ahora sí me la merezco”.

¡Malditas hamburguesas, nos hacen gordos y nos capitalizan, todo en uno!

Joder, me estaba entrando un hambre con tanta reflexión. Además, el tío que estaba en el escenario ahora era todavía más coñazo que el anterior. Miré en el dossier informativo: firmaba un tal Jimmy, el monólogo se llamaba “La Cope ha nazificado a mi abuela”. Je je, me hizo gracia y me puse a escuchar al fin:

“Ella era una agradable y sencilla ancianita, que era feliz preparando los platos favoritos de sus nietos y tejiendo macramé con la radio puesta: la Cope, claro, la de toda la vida. No nos dimos cuenta del peligro y después de un mes sin verla, ahora amenaza a inmigrantes y maricones, ha sacado todo el dinero del banco y nos confunde con terroristas. Abuela, vuelve, te echamos de menos”.

Loco sonreía como las actrices que pierden el Oscar, en sus pequeñas ventanitas recortadas a un lado del presentador de turno, que anuncia el ansiado premio para otra de las nominadas. Sonreía, me miraba, le daba vueltas al folleto como buscando qué es lo que le dan al segundo o tercer clasificado: mala suerte Loco, sólo se lleva el gato al agua el primero.

Por fin llegó el turno de su hermana. Loco sonreía, me miraba, no paraba en el asiento y luego se distraía con otra cosa, como si no le afectara el trance.

La hermana empezó muy fuerte, hablando muy alto y gesticulando excesivamente. La escena era jodida, tenía que marcarse frívola y trágica. Durante un momento pareció que estuviese gritando. Estaba matando el speech con tanta bronca. Después de 5 minutos había echado a perder el impacto pensado por Loco para la entrada. Después de 10 minutos, la había cagado.

Terminó el monólogo y Loco volvió a sonreír como la del Oscar de antes.

Llegó la hora del veredicto y no pude creer el ganador… ¿El primer tipo? ¡El de los 15 minutos sin decir palabra! Por lo menos aquello era un alivio para mi colega, mucho mejor que si hubiera ganado uno de los que de verdad lo merecía.

- “¿Ves los genios urbanos estos, Loco?: te pones un piercing en el párpado y te compran las redacciones de parvulario. Ya te dije que no viniéramos. Mira, me ha dicho un colega que hay un concurso cojonudo en Internet que se llama Banda de diálogo, mándales el texto”.

Un comentario para “EL MONÓLOGO DEL PREGONERO”

  1. luis dice:

    Muchas gracias por el guiño al concurso y por mandarme también el texto para el concurso. ;-)