SUSHI

Todo el mundo coincidía en que la fiesta estaba siendo algo horrible. Había unos sucios canapés de pescado crudo que nadie quería ni oler, salvo que se tratase de una apuesta. Yo le tuve que pagar 20 euros al ‘Loco Martín’ por acabarse una bandeja entera: todo el mundo miraba con asombro y admiración, preguntándose qué es lo que hacía ese tipo devorando aquella repugnante plasta a manojos.

Regresó con la cara como un tomate y la camisa moteada de la salsa marrón que arrebozaba el bocado.

- “Mis veinte” –mostrándome la palma de la mano-.

- “Apestas a pescado crudo” –le respondí sólo para empañar su victoria-.

Le di el dinero para que se fuese cuanto más lejos mejor y se fue sacándose unas miasmas de entre las muelas.

Iba a comerme uno para medir con justicia la hazaña de Loco, pero no pude, del olor, ni acercarme a la fuente. Me convencí de que todo estaba podrido cuando Loco le echó la papa a una señorita muy mona que no tenía culpa de nada.

En medio de aquella escena le hice devolverme la mitad del botín: 10 euros de penalización por no ser capaz de digerirlo.

“Si es que hay que saber beber”, decía el hijo de puta del anfitrión. ¿Beber?, qué íbamos a hacer si no, ¿envenenarnos con su puta comida? Había visto a Loco Martín doblarse una botella de Beefeater antes de que dieran las uvas, y por supuesto, teníamos una fiesta de barra libre después. Y aquella noche no había tomado más que cerveza.

- “¿Qué tiene aquí que ver la bebida, señor mío? –protestó al fin un señor alto con perilla-. El problema es que ha puesto usted un cadáver en mi canapé”.

- “Oh, ¿se refiere usted al sushi, caballero? Es cierto que puede no caer bien la primera vez, pero…”

- “No me cuente los antecedentes del muerto, señor. Tampoco le he visto yo a usted catarlo, ¿cree que no me he dado cuenta?”

- “¡Por favor! Una cosa es hacer un reproche, pero usted me está insultando. Le ruego que se vaya de mi casa”.

- “Y yo le digo que me acompañe usted fuera, ahora mismo” –retó tajante el señor de la perilla-.

La cosa se ponía interesante. Incluso una pareja que se había perdido en la planta de arriba salió al rellano aliñándose la ropa con urgencia. Yo escrutaba la constitución de ambos contrincantes tratando de adelantar el desenlace de la pelea: el tipo de la perilla se merendaba al niño bien por ponernos comida en mal estado. En menos de lo que Martín tardaba en espabilarse el pequeñajo se estaría comiendo todo el puto sushi putrefacto.

- “¿Quiere usted que nos peguemos como si fuésemos animales?” –el pijo había llegado a la misma conclusión que yo-.

- “¡Cobarde! –grité ya sin poder contenerme más-.

El chico me miró con cara de cordero degollado, como culpándome de lo que le pudiese ocurrir en adelante. Sin embargo, para el tipo grande de la perilla mi grito fue como un bong. Y le lanzó un directo de izquierdas a la mandíbula mientras el muchacho aún seguía con los ojos fijos en mí. Las hostias cayeron por doquier. Fue una carnicería.

Luego me enteré que el tío grande había sido boxeador cuando era más joven.

Martín ayudó al pijo zurrado a levantarse de entre las bandejas de canapés, cuando el púgil hubo acabado con él. Previamente había volado más de dos metros hasta parar de espalda contra el mostrador. Lo golpeó, lo zarandeó, lo arañó, lo mordió, en definitiva, le había dado la paliza de su vida. Todo en medio de un hedor repugnante a pescado crudo podrido.

Cuando se calmaron los ánimos la gente se arremolinó en torno al campeón, que empezó a contar historias de cuando aún estaba en activo: que si una vez llegó a pelear por el título… que si le jugó una mala pasada el árbitro y un bestia le cascó con el codo y le retiró… En fin, que parecía muy simpático y todo el mundo se lo pasó en grande escuchando sus batallitas.

Martín le pidió permiso al pijo para pedir unas pizzas.

2 comentarios para “SUSHI”

  1. luis dice:

    Joder Dani tendré cuidado con lo que pongo en la próxima fiesta y a ver también a quien invito sé que te lo habrán preguntado en muchas veces ¿tus relatos tienen algo de autobiográfico?.

    P.D: Qué día era el que ibas a estar firmando este año en la caseta de Hiperión? Es para pasarme y nos tomamos un algo, que no te dejas caer casi nada por Madrid.

  2. Voygerofdoom dice:

    I wonder why so many people like to comment stuff. Why is this kind of spending your free time so popular? Maybe people have a lack of communication in real world? Maybe that’s because they have a lot of problems in reality and want to run away from them? Maybe they need new impressions and experience? Or they just got suck here? I don’t have a clue. What do you all think?