LA GORDA Y LA MANZANA
Pasó una chica gordísima comiéndose una manzana verde. ¡Mira, la muerde como si fuese un donut!, me dijo el angelito malo del hombro izquierdo.
Cada vez que le propinaba otro generoso bocado, la chica se quedaba mirando a la manzana un instante antes de acometerle otro ataque. Parecía estar diciéndole: “¿y es eso todo?, pero si casi no tienes sabor a nada. Acabaré contigo como castigo”.

La devoró con más rabia que hambre casi sólo durante el poco tiempo que la escena duró delante de mí. Sólo al final tuve que incorporarme un momento del sitio para no perderme el final de la secuencia. Ante una papelera levantó el austero manjar; entonces, echándole un último vistazo de despedida, arrojó a la basura el famélico hueso medio roído.
Al fin, tras unos segundos de luto, se giró para marcharse, despacio, como dudando aún si recuperar las sobras por si todavía le pudiese quedar otro bocado.
Cuando se hubo alejado del todo, no sin antes haberse detenido un par de veces, me levanté de un salto hacia la papelera.
Había dentro restos de comida variados: curruscos de pan, pieles de embutidos, bollos desmigados… Pensé que si finalmente se hubiese asomado a la papelera, la gorda hubiese recuperado de todo menos su manzana.
Yo sí rescaté la pieza. No se había sacado mayor provecho a una manzana desde tiempos de Isaac Newton. El maltrecho estado de aquel hueso era sobrecogedor, tal el maltrato al que había sido sometido que no se adivinaba de qué fruta se trató una vez. Las marcas de los zarpazos y mordiscos se hundían en el corazón de la manzana, dando evidencias del ensañamiento. Se adivinaban los incisivos, los colmillos, la presión ansiosa de los dedos, las uñas; el arduo trabajo de molares y premolares, primero sobre la carne, luego, irremisiblemente sobre el hueso.
Saqué un pañuelo de papel de mi bolsillo y envolví cuidadosamente la reliquia, frágil, quebradiza. Me sentí como el que extiende una sábana sobre un cadáver. Sentí que aquella cosa amorfa se sentía menos violenta bajo el clinex.
Avancé por el césped y busqué una zona de tierra blanda donde escarbé con la punta de la bota un hoyo casi sin profundidad. Recosté con sumo cuidado la moribunda manzana embalsamada en aquel pañuelo de papel, devolví algo de tierra por encima y le brindé una última reflexión:
“Puede que no tardes tanto en ser un robusto manzano, así de esta forma enterrada, con lluvia y sol, quizá sea tan generosa la tierra contigo”.
Con mi deber de buen samaritano cumplido regresé a mi sitio, vigilando el camino por el que se había marchado la gorda: se había alejado ya muchos metros, aunque todavía se la veía desde aquí. Incluso valoré la posibilidad de correr a darle alcance, para compartir con ella todo lo que había sucedido esa tarde después de verla; todo lo que estuve pensado y finalmente llevé a cabo; en realidad, todo lo que había aprendido de ella y de su manzana. Sin embargo, luego pensé que podría estar poniendo en peligro la integridad de la manzana si lo hacía. Así que busqué otra cosa mejor con la que distraerme.
10 de Abril de 2005 a las 17:16
La literatura continúa de rebajas:
Cuentos y Descuentos da por inaugurada su sección de Descuentos con este infame relato-paja mental, que al igual que sus parientes precedentes, es garantía de la literatura más barata del mercado.
11 de Abril de 2005 a las 0:49
Enhorabuena estás recuperando a marchas la actividad del Blog!
P.D: Odio la palabra currusco, sé que es tan correcta como mi favorita, cuscurro, pero currusco…no me gusta.
11 de Abril de 2005 a las 10:58
¡¡Enorme!! Nunca pensé que se podía hacer un relato tan desgarrador de algo tan habitual como merendarse una manzana.
Muy bueno, sólo un pero, la palabra gorda parece bastante ofensiva, podría haberse cambiado por rolliza, oronda, rellena. Demasiadas gordas
14 de Noviembre de 2006 a las 2:32
en este texto aparece un abuena estructura de la redaccion, ademas es una historia cruel,
pero real, claro, en un punto de vista
critico, pero estoy de acuerdo con mi
amigo Ramón, la palabra “gorda” puede
parecer ofensiva apra muchas personas,
creo que hubiera quedado mejor .. una mujer rolliza. saludos y suerte..